Un año má tarde.
18 de Febrero.
El estridente sonido del silbato me sacó de mis ensoñaciones.
Estábamos jugando a balón prisionero, y yo ya estaba eliminada.
Hacía tiempo que no jugaba a esto. Es un juego que desde pequeños nos enseña a destruir al contrincante para conseguir el propio beneficio. Así funcionan luego nuestras vidas.
Yo observaba el juego desde fuera, distante, como si se tratase de una película en la que un puñado de chavales se peleara egoistamente por una balón pretendiendo cada uno salvar su vida, sin dar importancia a los compañeros que quedan atrás.
El problema de esta película es que el guión está constituido por la realidad.
En la vida real, los de mi equipo seguían discutiendo para ver a quien le tocaba el balón.
-Tío, le toca a Monti.
¿Cómo que le toca a Monti? Monti soy yo. Socorro.
-Vaale- accedieron de mala gana, para mi desgracia.
Me dieron el balón y yo lo lancé al otro campo con los ojos cerrados, esperando no dar a nadie.
Pero le di a Tara. Segundos más tarde el profesor tocó su dichoso silbato, dando fin a la clase.
Tara es mi mejor amiga, es super divertida, y está completamente loca. Tenemos otras amigas, con las que salimos y eso, pero no nos acaban de caer bien. Dani es un buen amigo mío, que conozco desde pequeña porque vive en el mismo edificio que mi abuela. Y luego está Ian, mi amor platónico desde 4º de primaria.
Yo soy Irene, pero me llaman ''Monti'' por mi apellido: ''Montaña'', porque en mi clase siempre hemos sido tres Irenes: Una chica que es mas bien poco espabilada, a la que llaman 'Irene'; 'Ire', una chica engreida del grupo de ''las flores'' (que es lo único que tienen en la cabeza), que se creen las mejores porque salen con ''las mayores''; y luego estoy yo, 'Irene Montaña'.
Una vez en los vestuarios Tara empezó a hacerse la ofendida, pero en teatro no es su fuerte, ya que apenas podía contener la risa.
Más tarde nos despedimos.
La clase de gimnasia es la última del día, después solo quedan los deportes.
Yo voy patinaje sobre hielo, así que me puse los patines y me dirigí hacia la pista. Estaba a punto de abrir la puerta cuando alguien me llamó.
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